October 19th, 2006 4 comentarios
Últimamente paso por aeropuertos 12 veces al día.
Esta semana apareció un cartel en el portal avisando de que el día 18 había “Recogida de muebles y trastos viejos”. Como muchas veces, me imaginé a la persona que redactó el texto del cartel en el Ayuntamiento, y en este caso me cayó bien. “Trastos viejos” me gusta.
Anoche hacía ya frío y chispeaba, pero como somos obedientes con las autoridades municipales y nos acabamos de mudar y nos apetecía una caña, nos bajamos a la recogida de muebles en vez de quedarnos estrenando el ordenador nuevo.
Había un montón de muebles y no tantos trastos viejos. Mesitas, una mecedora, tableros que no se sabe a qué corresponden, estanterías y sillas, sobre todo sillas. Y una impresora. Siempre hay una impresora. Quiero decir que es bastante raro encontrarse una tableta gráfica, un escáner o un teclado: si hay algún trasto viejo informático, es casi siempre una impresora.
Tampoco había mesas camillas ni cómodas, dos muebles bautizados por una mente tan retorcida que me ha costado unos años aprendérmelos. Hoy, por si te pasa lo mismo y como servicio a la comunidad, voy a explicar cuál es cuál:
La mesa camilla es una mesa redonda de las de poner brasero debajo. Seguramente tienes una en tu pueblo, pregunta, pregunta a tu abuela. Lo de camilla, ni idea.
Y la cómoda es ese mueble que tiene tu madre que consiste en tres cajones grandes, probablemente llenos de chaquetas de lana que no se pone, pañuelos de tela o manteles. Cómoda. Có-mo-da.
Nos trajimos una silla de las de madera que se doblan, una estantería blanca del Ikea que le faltan baldas pero bueno, y un mueble superguay con esquinas redondeadas, tres cajones y dos puertas corredizas que no se parece en nada a uno parecido que yo tenía visto en un libro de muebles de la Bauhaus.
Me sorprende y aburre por igual la gente que recuerda los nombres de las sillas famosas y la que se sabe los de los modelos de Mercedes y BMW. Es raro porque con otras marcas de coches no me pasa. Me he parado a pensarlo y al principio creía que era por los nombres. O sea, es más fácil recordar Renault Fuego que Mercedes SW16 (el modelo de Mercedes me lo he inventado, ya digo que no me los sé; bueno, me sé el Clase A). Pero luego me he dado cuenta de que los Renault 8, 9, 11, 12, 16 o 21 no tenían nombre, y sin embargo les pongo cara enseguida.
Alberto Romero, on a prerecorded broadcast from Santiago, Chile. I use this blog as a public notebook: here I save and share thoughts and events with scheduled irregularity. Expect Spanglish.
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